sábado, 25 de febrero de 2017

Felicidad Paupérrima

Empezaré esto avocando a la autoridad de mis pensamientos y de cada unos de mis instantes de felicidad.

Además, escribir reflexiones como estas son alimento para el alma en medio de la cada vez más terrible rutina que me absorbe, esto, también me recuerda cada uno de los aromas que puedo percibir al atravesar la puerta de mi casa, cada vista, cada imagen y sonido parece ser exactamente igual al anterior.

Nada de esto me hace sentir vivo y por el contrario me hundo más en mí mismo. La rutina y las cosas que antes me hacían sentir cómodo ahora me arrancan cada gota de ánimo que me queda; pero esto no es lo preocupante, sino que, a decir verdad cada vez temo más salir de esto. Me atemoriza de una manera impensable vivir, soy casi como un cuerpo inerte que se mueve por inercia.

La alarma a las cinco de la mañana cada día, los cinco minutos que espero para despertar. Cada una de estas pequeñas cosas me mata más que la anterior. Incluso, hace poco descubrí que me emociona alguna alteración en mi camino porque esto significa una alteración a mí mismo.

Vivo para el futuro, para cuando ya esté viejo y con mis pies agrietados de tanto caminar, con mi cabeza punzante de tanto pensar, y con mi corazón cansado de tanto latir. ¿Todo esto para qué?

He desperdiciado cada minuto de mi juventud pensando para el futuro, lamentando cosas que fueron o que por el contrario no. Paso los días de la manera en que se pasan las hojas de un libro que no se quiere leer mientras se daña con el tiempo.

Me he concentrado más en hacer que en ser...